De Francisco Navas
Acababa de dejar a MariLo en la estación camino del sur, y en la ciudad aparecía ese anochecer propio de los últimos días del invierno en los que la luz del sol quiere estar un poquito más.
Aparqué la renault Kangoo en una de las calles cercanas al HOspital Clínico y caminé hacia su entrada pensando en la larga noche que me esperaba. Era viernes y algunos jóvenes ya quedaban en las cercanías de los bares de la calle Paraíso. Su frescura contrastaba mucho con lo que me iba a encontrar minutos más tarde en una habitación de los primeros pisos del hospital.
Debajo de mi brazo llevaba "La Caverna" de Saramago, lo llevaba bastante avanzado y pensé que me ayudaría a llevar mejor esa noche y de alguna manera tener una silenciosa tertulia literaria como las que manteníamos, años atrás, Millán y yo sobre novedadesy libros interesantes que leer.
Al entrar en la habitación me encontré con Cati, a la que admiro muchísimo por haber estado cuidando y casi diría yo mimando a Millán a lo largo de lis últimos años en la casa de la avenida del Arco Ladrillo. Se despidió de él con una caricia en su mano y unas palabras de ánimo para decirle que estaba en buenas manos, que pasara buena noche y que fuese bueno. Por su parte me dió las últimas instrucciones sobre el suero y la respiración de mi amigo.
Atento a las instrucciones, no podía por menos pensar que la persona con la que tantos momentos y tantas cosas había compartido nole quedaba mucho tiempo de vida.
Su cara me recordó a la de los faraones encontrados vendados durante años en sacrados sacófagos. La nariz de Millán sobresalía en un rostro chupado. Sin sus características gafas y sin su dentadura, su cara parecía indicar que MIllán se nos iba y que con él, una época.
Le acaricié la mano para decirle que estaba allí, que esta noche me tocaba a mí, que si quería algo que me lo pidiese. Incrédulo de mí, Millán dormitaba con una respiración pausada que todo hacía pensar que en cualquier momento todo había llegado a su fin.
Mal leyendo mi libro, pues la situación no hacía que me imbuyera en su lectura, fueron pasando los minutos, los cuartos, las medias horas. Los ruidos del exterior de la habitación cada vez eran más tenues. A esto de las dos, pasó ppor allí una enfermera para ver qué tal iba la cosa, revisó de forma profesional el suero y me dijo que me fijase en la respiración.
el lento subir de las sábanas sobre el pecho de Millán indicaba que Millán se nos iba, de vez en cuando se entrecortaba debido a la tos seca y eso provocaba en mí una alerta que hacía que desapareciese cuando volvía a la normalidad.
La noche iba pasando y mis se agolpaban en la cabeza recordando las mil y una anécdotas que había vivido con él; las conversaciones, las reuniones de la comunidad cristiana, las comisiones pedagógicas en el Mercado Central los jueves por la mañana, sus charlas vibrantes en olor de multitudes sobre la cultura popular, sus intervenciones reveladoras en los grupos que compartíamos, sus chistes, su sonrisa ladina de castellano viejo, su forma de mover las manos para indicar que eso era la sal de la vida yque sin ella, la vida es sosa, es insípida, es nada.
En algúnmomento de estos recuerdos es cuando el sueño me venció y fue cuando entró otra enfermera, la cual me mandó salir al ver que las flemas que se le habían formado en su garganta dificultaban aún más su respiración y que tendría que limpiarlas, no sin antes decir para sí y en voz alta "..y este hmbre.." . Permanecí unos minutos fuera de la habitación viendo cómo la luz del nuevo día aparecía entre las ramas de los grandes plátanos de la calle Ramón y cajal. Cuando salió la enfernmera, me despedí de Millán, fue una despedida sabiendo que posiblemente no le volvería a ver con vida, su boca entreabierta indicaba que él también se despedía. No quería estar allí para ese momento del que todos huímos y nada lo frena.
por la tarde mi amiga Tere me llamó para decirme que Millán había muerto. No pude por menos que decirla que de acuerdo, sinceramente me lo esperaba. A continuación fui avisando a amás gente. El resto todos lo sabemos.
Francisco Navas
viernes, 5 de febrero de 2010
miércoles, 3 de febrero de 2010
Ya no pueden seguir así las cosas
Ya no pueden seguir así las cosas
hay que escribir con líneas nuevas
los nuevos hechis de la historia
Hay que borrar las viejas trampas
brotará la justicia
y brotará el amor
Hay que encalar de nuevo las paredes
y brotará la paz.
Porque ya no se puede
construir sobre la arena
ni ensuciar con las manos la belleza
ni respirar el aire nauseabundo.
Ya no pueden seguir así las cosas
hay que dar validez a la Palabra
y dar rienda al corcel de la ternura
Millán Santos
hay que escribir con líneas nuevas
los nuevos hechis de la historia
Hay que borrar las viejas trampas
brotará la justicia
y brotará el amor
Hay que encalar de nuevo las paredes
y brotará la paz.
Porque ya no se puede
construir sobre la arena
ni ensuciar con las manos la belleza
ni respirar el aire nauseabundo.
Ya no pueden seguir así las cosas
hay que dar validez a la Palabra
y dar rienda al corcel de la ternura
Millán Santos
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